
Últimamente asistimos a una ponderación del fútbol europeo respecto del fútbol argentino. Y esa ponderación olvida (o quiere olvidar) que cada uno parte de condiciones diferentes, condiciones que, a su vez, complican cualquier comparación.
* El fútbol europeo se ofrece como un espectáculo. Y el espectáculo supone un espectador: una persona cómodamente sentada que entienda el show desde la visión. El fútbol argentino supone algo distinto: supone la participación con su cuerpo del que asiste al partido.
*El espectador observa, observa la expresión de otro, en este caso, del futbolista. El hincha no observa, a lo sumo mira, y se expresa. El hincha cuenta.
* El espectador va a ver cómo juega el equipo, su equipo a lo sumo. El hincha se juega por su equipo y con su equipo.
* Al hincha no le da igual el partido. No le gusta o le disgusta el partido; ese es un juicio crítico que sólo puede establecer un espectador. La objetividad es aún mas imposible cuando se es parte.
* El espectador pone en juego su juicio estético. El hincha, en cada partido, se juega la piel, un pedazo de su identidad. Esa, es una de las esencias del fútbol argentino.
*El espectador observa, observa la expresión de otro, en este caso, del futbolista. El hincha no observa, a lo sumo mira, y se expresa. El hincha cuenta.
* El espectador va a ver cómo juega el equipo, su equipo a lo sumo. El hincha se juega por su equipo y con su equipo.
* Al hincha no le da igual el partido. No le gusta o le disgusta el partido; ese es un juicio crítico que sólo puede establecer un espectador. La objetividad es aún mas imposible cuando se es parte.
* El espectador pone en juego su juicio estético. El hincha, en cada partido, se juega la piel, un pedazo de su identidad. Esa, es una de las esencias del fútbol argentino.